Virgen de la Candelaria

Virgen de la Candelaria

 
Nuestra Señora de la Candelaria
 
Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias en el municipio tinerfeño homónimo.
Venerada en Iglesia católica
 
Santuario: Basílica de la Candelaria
Festividad :2 de febrero y 15 de agosto
Simbología: La Candela
Patrona Canarias (España)
Colmenar (España)
Hermandad de La Candelaria de Sevilla (España)
Palencia (España)
Areguá (Paraguay)
Fresnillo (México)
Medellín (Colombia)
Cartagena de Indias (Colombia)
Puno (Perú)
Tlacotalpan (México)
Camagüey (Cuba)
Esparza (Costa Rica)
Sabanagrande (Honduras)
Quitupan (México)
Lolotique (El Salvador)
Turmero (Venezuela)
Valle de la Pascua (Venezuela)
Oruro (Bolivia)
Fecha de la imagen 1827, la imagen primitiva era del siglo XIV.
 
La actual obra es de Fernando Estévez.
Estilo Neoclásico, la primitiva imagen era de estilo gótico.
 
La Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria es una de las advocaciones más antiguas de la Virgen María. Su fiesta litúrgica se celebra en toda la Iglesia católica el 2 de febrero y su fiesta mayor se celebra el 15 de agosto en las Islas Canarias (España).[1]
 
La imagen es venerada en el Archipiélago Canario, especialmente en la isla de Tenerife (lugar de su aparición),[2] donde es conocida popularmente como La Morenita, es la Patrona de Canarias siendo una de las siete Patronas de las Comunidades Autónomas de España. Su imagen se encuentra en el camarín de la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria, en el municipio de Candelaria en Tenerife.
 
El relato canónico de la aparición a los aborígenes guanches de la imagen de la Virgen de Candelaria en las Islas Canarias fue escrito en 1594 por el religioso e historiador español Fray Alonso de Espinosa, dicho relato aparece contenido en dos libros, siendo de hecho los libros impresos más antiguos que tratan sobre las Islas Canarias.[3] [4]
 
Igualmente la Virgen de Candelaria es la patrona de varias ciudades del Nuevo Mundo como: Medellín y Cartagena de Indias (Colombia) y Mayagüez (Puerto Rico). La Virgen tiene mucho arraigo y veneración en Oruro (Bolivia) y en general en el altiplano andino y demás naciones del continente americano. Además es venerada en lugares con una importante colonia de canarios donde suele usarse para representar al Archipiélago Canario.[5]
 
Iconografía
 
La iconografía de la Virgen de Candelaria se basa en el episodio bíblico de la Presentación del niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lucas 2,22-40). La virgen sostiene la candela o vela de la que toma nombre y el niño Jesús por su parte sostiene en sus manos un pequeño pájaro. Según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor. Como era costumbre, la Virgen María, se sometió a la vez al rito de la purificación (Cf. Lev. 12, 6-8).[6]
 
Historia de la aparición
 
La historia de esta advocación está unida íntimamente a la historia de las Islas Canarias, especialmente de la isla de su aparición, Tenerife. No hay acuerdo sobre el año de la aparición, pero la opinión mayoritaria es que apareció en la desembocadura del barranco de Chimisay, en el municipio canario de Güímar, 95 años antes de la conquista de Tenerife, es decir aparecería del 1400 al 1401. Es por tanto la primera aparición mariana de Canarias. Fray Alonso de Espinosa describió la historia en 1594.
 
Escenificación de la aparición de la virgen en la Playa de El Socorro, Güímar.Según la leyenda relatada por Fray Alonso de Espinosa, iban dos pastores guanches a encerrar su ganado a las cuevas cuando notaron que el ganado se remolinaba y no quería entrar. Buscando la causa miraron hacia la desembocadura del Barranco de Chimisay y vieron sobre una peña, casi a la orilla del mar, la figura de una mujer que creyeron animada. Como estaba prohibido a los hombres hablar o acercarse a las mujeres en despoblado, le hicieron señas para que se retirase a fin de que pasase el ganado. Pero al querer ejecutar la acción, el brazo se le quedó yerto y sin movimiento. El otro pastor quiso herirla con su cuchillo. Pero en lugar de herirla, quedó herido el mismo. Asustados, huyeron los dos pastores a Chinguaro, la cueva-palacio del mencey Acaymo, para referirle lo acontecido. El mencey acudió con sus consejeros. Ella no respondía pero nadie se atrevía a tocarla. El mencey decidió que fuesen los mismos dos pastores ya heridos quienes la recogieran para llevarla al palacio. Ellos, al contacto con la imagen, quedaron sanados. El mencey comprendió que aquella mujer con un niño en brazos era cosa sobrenatural. El mismo rey entonces quiso llevarla en sus brazos, pero después de un trecho, por el peso, necesitó pedir socorro. Es así que en lugar de la aparición hay hoy día una cruz y en el lugar donde el mencey pidió socorro, un santuario a Nra. Señora del Socorro.
 
La llevaron a una cueva cerca del palacio del rey hoy convertida en capilla. Más tarde un joven llamado Antón, que había sido tomado como esclavo por los castellanos y había logrado escapar y regresar a su isla, reconoció en la imagen milagrosa a la Virgen María. Él, habiendo sido bautizado le relató al mencey y a su corte la fe cristiana que él sostenía. Así llegaron a conocer a la Virgen María como “La Madre del sustentador del cielo y tierra” (Guanche: Axmayex Guayaxerach Achoron Achaman o Chaxiraxi) y la trasladaron a la Cueva de Achbinico (detrás de la actual Basílica de Candelaria) para veneración pública.
 
Versiones de otros cronistas
 
Según relata don José Rodríguez Moure que un lejano atardecer dos pastores conducen un rebaño de cabras en las costas de Güímar y al torcer una curva del camino, cerca de la desembocadura del barranco de Chinguaro descubrió, uno de ellos, “una mujercita con un niño al brazo derecho y con vestidos distintos a los que usaban las mujeres de la tierra, de pie sobre una roca lo miraba con fijeza”.
 
Así inicia el ilustre dominico lagunero el relato que compuso durante su estancia en el convento de Candelaria donde cuidó de su archivo y del que se ilustró para componer el libro “La historia de la devoción del pueblo canario a Nuestra Señora de Candelaria”. Relata cómo el adivino o zahorí Guadameñe (sacerdote aborigen) había pronosticado hacía mucho tiempo que “dentro de unos pájaros grandes de blancas alas vendrían a la Isla, por el mar, otras gentes que se habrían de enseñorear de ella”. Estos augurios que formaban parte de los miedos y creencias del pueblo guanche eran del común conocimiento y había dado lugar a que los menceyes hubieran convenido que cada uno de ellos cuidara de su territorio y que los demás le prestaran la ayuda que necesitara en caso de peligro.
 
Antón Guanche, años más tarde, integrado en una expedición, hizo su entrada por las costas de Güímar con objeto de hacer pillaje en la zona, ya sea robando ganado o cautivando personas que el señor de Lanzarote enviaba a Sevilla para su venta como esclavos. Pero Antón aún conserva recuerdos de su infancia identificando su propia patria y aprovechando la ocasión que se le presenta decide regresar a su antiguo hogar. Permaneció escondido hasta que el velero se retira de la Isla con sus arboladuras hinchadas por la brisa del atardecer. Allí se queda en la soledad del Valle de Güímar vestido con ropas extrañas aunque ha practicado su idioma con otros cautivos y ello le servirá para ser reconocido.
 
Y dice Rodríguez Moure que Antón fue reconocido y con mucho entusiasmo recibido y junto al rey Dadarmo acudió a visitar la cueva donde tenían depositada a “La celestial imagen de María”. Inmediatamente que tuvo ante sí la estatua la identificó con la Virgen y este hecho hizo correr la noticia por toda la Isla y una inmensa muchedumbre guanche se congregó en Candelaria proveniente de los más diversos rincones de Tenerife. Era costumbre traer algún presente en la visita a otros parientes o amigos y en este caso se reunió un enorme rebaño que los guanches regalaron a Guayaserax o Chaxiraxi en testimonio de su devoción.
 
Antón Guanche convenció al mencey de Güímar de que la imagen no debería de radicar en la casa del propio mencey sino tener su propia casa, eligiendo para ello la espelunca de Achbinico, a la orilla del mar donde aún se guarda culto a San Blas mártir, patrono de la Villa de Candelaria. La leyenda crece en torno a la imagen de la Virgen que en sus diversas variaciones traza profundos surcos en la conciencia religiosa del nuevo pueblo canario que se produce con el cruce entre ambas culturas.
 
Posible explicación
 
Ya desde antes de la conquista, el archipiélago Canario era visitado por europeos en expediciones de reconocimiento o en razias de esclavos, pero también eran visitadas por religiosos que pretendían llevar a cabo una labor evangelizadora antes de que se produjera la conquista y anexión política de las islas; de este modo en el siglo XIV se formó un breve obispado en Telde, Gran Canaria. La imagen de la Virgen de Candelaria sería llevada a Tenerife por frailes mallorquines, los cuales probablemente se habrían establecido por un tiempo en la isla introduciendo elementos de la religión cristiana entre los guanches, produciéndose un sincretismo religioso. La Vírgen de Candelaria quizás hubiera sido identificada con el sol (Magec), deidad de los guanches. También se la identificó con Chaxiraxi, la madre de los dioses que adoraban los aborígenes.
 
La Virgen de Candelaria tras la conquista
 
Imagen de la Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias, en el camarín con manto marrón o canelo.La imagen fue robada por los españoles pero devuelta tras una peste que ellos atribuyeron al robo sacrílego. Más tarde, cuando los españoles conquistaron la isla, la devoción ya estaba allí arraigada. En 1526 se edificó el santuario por los muchos prodigios que Dios obraba por Nuestra Señora de la Candelaria.
 
De las Islas Canarias la devoción se propagó a América. Hernán Cortés llevaba al cuello una medalla de esta imagen. En 1826 la imagen se perdió víctima de una inundación. Se vigilaron las costas, se enviaron barcos a recorrer los mares de entre las islas, se removió el litoral desde la playa a la Cueva de San Blas; pero todo fue en vano, pues la imagen no apareció, aunque posteriormente fue creada una réplica que actualmente está en la basílica.
 
En la noche del seis al siete de noviembre de 1826, se produjo un temporal que ocasionó numerosos destrozos, arrasando el castillo de San Pedro y arrastrando al mar la imagen de la Virgen, la ermita y parte del convento.
 
Después de una búsqueda infructuosa se decidió encargar una nueva talla que sustituyera a la desaparecida. Para ello se eligió al imaginero orotavense Fernando Estévez.
 
La desamortización extinguió, en 1835, las órdenes religiosas en España. En 1836, los religiosos dominicos son expulsados del Santuario y el Estado se incautó de los bienes del convento y de las joyas que se salvaron de un incendio y del aluvión. Quedó la Virgen al cuidado del cura Juan Fernández del castillo, quien con notables esfuerzos mantuvo la dignidad del culto después del expolio al que fue sometida la ermita y el convento. También hemos de recordar la labor del mayordomo Lorenzo de Barrios, natural de Igueste , quien con su esfuerzo personal hizo lo posible por recuperar el tesoro de la Virgen. En 1860 se devolvieron los bienes incautados por la Desamortización, los edificios estabanen muy mal estado. De nuevo, comenzaron las obras de reconstrucción con la mediación del obispo Nicolás Rey Redondo. En 1863 fue nombrado cura párroco Antonio de la Barreda y Paiva, a quien se debe, en gran parte, el resurgimiento de la festividad del 15 de agosto.
 
En 1599 el papa Clemente VIII la nombra Patrona de Canarias.[7] [8] En esto influyó también que, en 1596, el futuro rey Felipe III se hubiese declarado protector y patrono de la Santa Imagen, cargo que mantuvieron sus sucesores. El monarca, tras subir al trono, se declaró patrono del Convento Real de Nuestra Señora de la Candelaria, de ahí el rango que lleva desde entonces. Por lo que es también el primer Santuario cristiano de Canarias en recibir el título de “Real”.
 
Más tarde, el 17 de julio de 1867, un Decreto del papa Pío IX, ordena que en cada diócesis solo hubiera un patrono principal, que tenía que ser aprobado por la Santa Sede. Por Decreto de 12 de diciembre de dicho año, el Vaticano designa a la Virgen de la Candelaria patrona principal de ambas Diócesis canarias y Patrona Principal del Archipiélago Canario, lo que se publica en los boletines oficiales canarios en 1868. Por Decreto de 16 de abril de 1914, otorgado por el Papa Pío X, se designa patrona principal de la Diócesis de Canarias (provincia de Las Palmas) a la Santísima Virgen del Pino. Pero aún así conservó para la Virgen de Candelaria los títulos de Patrona de Canarias y de Patrona Principal del Archipiélago Canario.
 
La Virgen de Candelaria fue coronada canónicamente el 13 de octubre de 1889. La talla de la Virgen de Candelaria se conviertió así en la segunda imagen mariana patrona de una comunidad autónoma de España en recibir la Coronación canónica, tras la Virgen de Montserrat (Patrona de Cataluña). Le siguieron la Virgen del Pilar de Zaragoza (Patrona de Aragón), la Virgen de Covadonga (Patrona de Asturias) y la Virgen de los Desamparados (Patrona de Valencia).[7]
 
El 2 de febrero de 1672 se consagró la primera iglesia o ermita de la Candelaria, dada la pequeña capacidad y estado ruinoso del santuario anterior, un templo nuevo de tres naves y que fue destruido por un incendio (al igual que el convento) el 15 de febrero de 1789, reduciéndose a cenizas el archivo, así como la importante biblioteca de la basílica contigua. Religiosos y vecinos lograron salvar la imagen de la Virgen y otras tallas, que albergaron en la cueva de San Blas, donde permanecieron 14 años.[9]
 
En 1947 fue nombrado obispo de Tenerife Domingo Pérez Cáceres, que impulsó la construcción de una basílica monumental que magnificara la devoción por la virgen. Con planos del arquitecto José Enrique Marrero Regalado, la Basílica de Candelaria se terminó en 1959.
 
 
Oración a Nuestra Señora de la Candelaria
Virgen de la Candelaria,
 
la más bonita morena,
 
la que nos tiende su manto,
 
desde la cumbre a la arena.
 
Querida Virgen de la Candelaria, nos reunimos ya,
 
junto a ti cada vez más,
 
traemos nuestra  devoción y nuestro cariño sin igual.
 
Acéptalo, madre nuestra, déjanos contemplar
 
tus virtudes y enséñanos a imitarlas, hasta encontrar
 
la razón de nuestra vida y tu amor sin par.
 
Que nos parezcamos a ti cada día más,
 
para agradar al señor, como tú lo hiciste ya,
 
y que vivamos así, en Paz
 
y Alegría, de modo que lleguemos a ganar
 
los frutos de tu amor, como el polen regado aquí o allá,
 
donde compartir contigo la dicha natural
 
de ser eternamente tus hijos, con la venia celestial
 
y la gloria, por la que bendices nuestra vida terrenal.
 
Amén. 
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